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Autor: Luis Benvenuty Font: La Vanguardia 07.03.2010 Sant Adrià de Besòs busca la complicidad de los pastores evangélicos para reducir el absentismo escolar en la Mina. Según el edil de Educación Gregorio Belmonte, tras una década de reformas y logros como la plena escolarización, "llevamos cuatro años sin mejorar las estadísticas". En la primaria, el 14% de los alumnos falta a más de la mitad de las clases, dato preocupante que en la secundaria es alarmante: más del 40% de los jóvenes falta a más de la mitad de las clases.
"Policía local y autonómica tienen la orden de llevar a los centros escolares a cualquiera que haga novillos, la relación de las familias con las escuelas ha mejorado, se implican cada vez más con las actividades extraescolares... Pero hay unos roles en la cultura gitana contra los que no podemos luchar desde las administraciones. Necesitamos la complicidad de los líderes de la comunidad. Y el culto evangélico ha crecido mucho en los últimos años".
"La honra es muy importante, pero para conservarla no hace falta esconder a la joven -dice el pastor Antonio Atencia-. Yo digo a las familias que una vez que las chicas sean pedidas no tienen que encerrarlas en la casa por miedo a que las deshonren antes de la boda. Les digo que las chicas han de seguir yendo al instituto. Casarse no quiere decir que no puedan hacer otra cosa en la vida". Su hija de diecinueve años trabaja de monitora en el comedor de un colegio.
Atencia, de 41 años, de la Perona, de la Mina desde niño, vendedor ambulante, también dice a las familias que la vida no se reduce al mercadillo. "Los hijos no tienen que dedicarse a la venta ambulante porque lo hacen sus padres. Los padres deben esforzarse para que sus hijos tengan más oportunidades... Si un chaval no va a clase para ayudar en la parada, la familia puede ganar así unos eurillos, pero a la larga sale más caro. La formación es el futuro".
Según Atencia, la Mina no es lo que fue. Ya no encienden hogueras por la calle para calentar conversaciones. Puedes pasear de noche. Los jóvenes no comparten los miedos de sus mayores y viajan a Barcelona para echar un currículum. Los muros del gueto, los del barrio para dentro, los que dicen a la gente que fuera de la Mina los tratarán como delincuentes, que allí no hay nada bueno y mejor no salir nunca de estas cuatro calles, llevan tiempo resquebrajándose.
Queda el espíritu, "el del Torete y del Vaquilla", el estigma de puertas afuera. "Ahora tenemos polideportivo, biblioteca y nuestros problemas son parecidos a los de los vecinos de cualquier otro barrio en transformación. Pero hemos de incentivar a los vecinos a hacer uso de la nueva Mina. Con los jóvenes es más fácil. Escuchan mejor. Había un grupo que se pasaba el día en esta esquina fumando y consumiendo... y sólo hicieron falta palabras".
Paseando por la Mina con el pastor Atencia, entre espontáneas muestras de respeto de los vecinos, uno comprende que la influencia de un pastor evangélico va más allá que la de las palabras que pueda pronunciar en su templo. "Procuramos hacer una labor social a través de la religión -afirma-. Visitamos al enfermo al hospital, mediamos en los problemas matrimoniales, si un niño no se comporta en la escuela hablamos con sus padres, si hay disputas tratamos de proponer un acuerdo".
Antonio Atencia es uno de los pastores evangélicos que intentan reducir el absentismo escolar en la Mina Todos los bloques de la Mina tienen ya ascensor. Hace pocos días el consorcio integrado por los ayuntamientos de Barcelona y Sant Adrià concluyó la instalación de 30 elevadores tras seis años de obras, sobre todo en la parte más antigua del barrio, una zona que aún sufre importantes problemas sociales y concentra una población de edad avanzada. La inversión fue de 5,6 millones de euros. Los propietarios sólo pagaron el 20%. El consorcio también está incentivando la creación de comunidades de vecinos para mejorar el mantenimiento de espacios comunes. La conflictividad vecinal en algunos bloques llevó al Consistorio a asumir su gestión. El plan de mejora también incluye la división de los grandes edificios de la Mina en comunidades más pequeñas. La creación de nuevas entradas ha reducido las comunidades de 80 familias a 40 para facilitar su mantenimiento.
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